Las Médulas en León: Un paisaje diferente y mágico

Las Médulas

En la provincia de León, dentro de la comunidad castellano-leonesa, y más concretamente en la comarca del Bierzo, encontraremos uno de los parajes más peculiares de nuestra geografía, un espacio diferente, lleno de belleza y que podríamos calificar incluso de inquietante, ubicado junto a los montes Aquilanos y el valle del río Sil. Se trata de Las Médulas.

Es un lugar de gran interés, al que el viajero no debe dejar de acercarse si viaja por tierras leonesas. Declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, se trata de un espacio protegido declarado asimismo como Bien de Interés Cultural y Monumento Natural.

El origen de Las Médulas, tal como hoy las conocemos, lo encontramos en un territorio de colinas y montañas en el cual los antiguos romanos no tardaron mucho en descubrir que guardaban en su interior un importante yacimiento de oro. Enseguida el lugar se convirtió en la mina a cielo abierto más grande de todas las explotadas por los romanos dentro de los extensos límites de su imperio. Corría el siglo I d.C.

Las Médulas de León

 Foto vía: Flickr

Se sabe que las primeras extracciones fueron llevadas a cabo con cuidado, de manera artesanal, es decir, a base de extraer las arenas auríferas con una criba, siendo después lavadas con una batea. Sin embargo, la codicia pronto hizo que se pasara a la explotación masiva, y empezaron a llegar al lugar un gran número de soldados y asalariados, incluso esclavos. Se excavaron canales en las rocas, algunos de los cuales medían más de 100 kilómeros de longitud, con el objetivo de llevar a cabo trasvases de las aguas de los ríos, como sucedió con el Duero y con el Sil. Las aguas se guardaban en grandes depósitos y eran arrojadas sobre las galerías que se habían hecho en las montañas, lanzándolas de manera directa, con el fin de que arrastraran el oro, que era así conducido y depositado en las zonas escogidas para ello.

Canales Médulas

La explotación de las minas no llegó a cumplir los 100 años, pese a lo cual el impacto que supuso en el entorno fue de una gran magnitud. De hecho, puede decirse que supuso un total cambio en el paisaje, debido a los corrimientos tanto de aguas como de tierras. Prueba de la mutación del paisaje la hallamos en el Lago de Carrucedo, que no existía antes de que empezaran los trabajos de minería en el lugar. Según Plinio el Viejo, militar, científico y naturalista romano, se extraía de estas minas un millón y medio de kilos de oro cada año. También nos habla de la gran dureza del trabajo que comportaba la extracción.

En el siglo II la zona fue abandonada, y con el paso de los años volvieron a ir recuperando poco a poco el terreno perdido un gran número de especies vegetales, como los robles, las encinas o las carrascas. El entorno natural se iba recuperando, no sólo con la vegetación sino también con especies animales que empezaron a poblar dicho espacio, como corzos o jabalíes, así como un gran número y variedad de aves. Junto a todo ello, fruto de la explotación, el terreno había adquirido caprichosas formas y las montañas un color rojizo debido a las arenas que las cubrían.

Así es como el lugar ha llegado hasta nuestros días. Hoy Las Médulas constituyen un paisaje espectacular y de un gran atractivo, en el que sus rojas colinas armonizan a la perfección con la verde vegetación, y donde los rayos de sol forman unos juegos de luz y reflejos que llena el lugar de magia y belleza.

Estamos acostumbrados a que, por regla general, la intervención del hombre en la naturaleza, y más a estas escalas, suele dar siempre como resultado un perjuicio para el paisaje y consecuentemente para el medio ambiente que lo rodea. Sin embargo, en el caso de Las Médulas, la propia naturaleza ha querido que esto no fuera así, y lo que hubiera podido quedar en uno más de los parajes hermosos destruidos por la mano del hombre, se ha convertido en un espacio peculiar y bello.

Quienes visiten Las Médulas, es aconsejable que se lleguen hasta el cercano Mirador de Orellán, desde donde se puede disfrutar de una vista de toda la zona impresionante, siendo muy recomendable hacerlo, por poco que se pueda, durante el amanecer o el atardecer, ya que los colores que dominan el paisaje a estas horas son espectaculares.

Mirador de Orellán

Antes de emprender la visita es también aconsejable que nos acerquemos hasta el Aula Arqueológica que allí encontraremos. De esta manera, recibiremos una serie de informaciones que harán que nuestra visita sea mucho más provechosa, ya que nos ayudará a comprender mucho más cómo funcionaban las minas, y el motivo de que su explotación provocara un cambio tan drástico en el paisaje.

En el pueblo del mismo nombre, la localidad de Las Médullas, encontraremos además un Centro de Recepción de Visitantes, donde atienden al público tanto por las mañanas como por las tardes, ofreciendo asimismo visitas guiadas en las cuales tendremos la oportunidad de entrar en dos galerías de las minas, La Cuevona y La Encantada.. También alquilan, para quien quiera visitar el lugar en dichos vehículos, bicicletas y tándems.

Existen varias rutas interesantes que pueden hacerse en Las Médulas, varios recorridos por los yacimientos, que podemos llevar a cabo apuntándonos a los organizados por el Centro de Recepción o simplemente por nuestra cuenta, aunque por supuesto siempre se aprovecha más cualquier recorrido cuando vamos acompañados por expertos.

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