Entre antiguas minas romanas, monasterios medievales y paisajes de postal se abre paso la comarca de El Bierzo, una de las más completas de la provincia de León. Este territorio situado al oeste de León, destaca por historias de templarios, eremitas medievales y el oro romano, se encuentra rodeado de cadenas montañosas y posee su propio microclima.

Entre sus lugareños pervive una fuerte identidad cultural que se extiende por ciudades, pueblos, viñedos y bosques. En esta ruta por la comarca recorreremos los lugares más emblemáticos de la zona para hacer turismo en El bierzo para que no te pierdas nada de la esencia berciana.
Los Ancares Leoneses como punto de partida
Marcando el límite entre León, Galicia y Asturias se sitúan los Ancares Leoneses, la puerta de entrada natural a la comarca. Declarado Reserva de la Biosfera por sus valles, bosques y pueblos de montaña, este enclave accede a El Bierzo por carreteras con vistas que no te dejarán indiferente.
Los valles fértiles del río Sil darán paso a Balboa, uno de los primeros pueblos del territorio. A pesar de su reducido tamaño, este lugar cuenta con un interesante patrimonio etnográfico. Aquí podemos encontrar varias pallozas, construcciones tradicionales de origen prerromano hechas con muros de piedra y techos de paja o centeno.

Cantejeira y Busmayor, rutas y naturaleza entre montañas bercianas
Siguiendo las carreteras que serpentean por las montañas desde Balboa, llegamos hasta Cantejeira, una pequeña localidad del Bierzo que limita con Lugo. En este pueblo descansa la cascada de Cantejeira. Para visitar este precioso salto de agua, podemos realizar una ruta de algo menos de cuatro kilómetros que atraviesa prados y bosques.
Dejando atrás Cantejeira, toca adentrarse en Busmayor, ya en el municipio de Barjas. En esta ocasión, daremos paso a la conocida ruta del Hayedo de Busmayor, también llamada Senda do Faxeira. A lo largo del itinerario conviene detenerse en los pequeños saltos de agua, como la Fervenza do Beiro.

Un paseo con sabor a vino y siglos de historia
En la comarca de El Bierzo también hay lugar para el patrimonio histórico. Villafranca del Bierzo fue durante siglos un lugar de paso y descanso para peregrinos y comerciantes. Además, su origen está ligado a la llegada de los monjes de Cluny en el siglo XI.
La mejor forma de conocer la villa de origen medieval es caminar sin prisa por su casco histórico como la calle del Agua, una calle larga y estrecha donde podemos encontrar conventos, iglesas o casas burguesas. Alguno de los lugares más simbólicos son la colegiata de Santa María y iglesia de Santiago, que como la de Santiago cuenta con su famosa por su Puerta del Perdón que solo abre en año santo. También destaca el convento de San Francisco y del pasado nobiliario sigue en pie el castillo-palacio de los Marqueses de Villafranca.

¿Y qué hay del vino? A pocos kilómetros se abre paso Cacabelos, un referente para la tradición vitivinícola berciana. Aquí se producen algunos de los vinos más reconocibles de la comarca, especialmente los elaborados con la variedad mencía.
Las Médulas, el tesoro dorado de El Bierzo
En esta ruta por la comarca de El Bierzo no podían faltar Las Médulas, un espectacular paisaje de colinas rojizas, cuevas y bosques de castaños. ¿Quién no ha oído hablar de este lugar? No es para menos, ya que desde 1997 está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Hace más de dos mil años, el Imperio romano explotó aquí la mayor mina de oro a cielo abierto. De hecho, extraían el metal precioso mediante un sistema conocido como ruina montium, que consistía en excavar galerías en el interior de las montañas para después inundarlas y provocar su derrumbe, liberando así los sedimentos que contenían oro. Se estima que, al momento del cierre de las minas en el siglo II, se habían removido aproximadamente 650 millones de toneladas de tierra.
Tras el abandono de las minas en torno al siglo III, la naturaleza fue recuperando poco a poco el terreno. Los castaños, robles y otras especies colonizaron las antiguas explotaciones y acabaron creando el paraje que hoy conocemos.

Se pueden visitar recorriendo sus galerías interiores o a través de miradores como el de Orellán y otras plataformas de observación con unas vistas impresionantes que ayudan a comprender cómo se modeló el paisaje. Otros miradores destacados son el de Reirigo, Las Pedrices y Chao de Maseiros, cada uno con sus propias rutas para disfrutar del entorno.

Sin embargo, lo más recomendable es contemplarlas al atardecer, cuando la luz dorada del sol tiñe de tonos rojizos las formaciones rocosas, creando un contraste fascinante con el verde de la vegetación que las rodea.
Los templarios también llegaron al Bierzo
La silueta del imponente Castillo de los Templarios en el horizonte indica que hemos llegado a Ponferrada, una parada imprescindible en nuestro itinerario. Dominada por el paisaje amurallado y el río Sil, esta localidad actúa como capital del Bierzo y conserva un patrimonio vinculado al Camino de Santiago.

Paseando por sus calles podemos visitar el Arco de las Eras del siglo XV, la Torre del Reloj o la renacentista basílica de la Virgen de la Encina o de la Morenica, patrona de El Bierzo. Sin embargo, el símbolo de Ponferrada es el Castillo de los Templarios, una fortaleza medieval del siglo XII rodeada por un recinto amurallado de más de 8.000 metros cuadrados. Debe su origen a la Orden del Temple, que se estableció en la zona para proteger a los peregrinos que atravesaban la comarca.
Uno de los mayores atractivos de Ponferrada sea el ambiente que se respira al caer la noche, cuando las calles se llenan de gente que sale a disfrutar de vinos y pinchos en los numerosos bares situados alrededor de la plaza del Ayuntamiento.
Tres museos muy interesantes ayudan a completar la visita a la ciudad. Uno de ellos es el Museo de la Energía, ubicado en la antigua central térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), una instalación que funcionó hasta 1971 y que desempeñó un papel clave en el desarrollo industrial de la ciudad. También puede visitarse el Museo del Ferrocarril, instalado en la vieja estación de la línea que conectaba Villablino con Ponferrada, utilizada durante años para transportar el carbón procedente de las cuencas mineras.
Por otro lado, el Museo de la Radio, impulsado por el periodista Luis del Olmo, reúne una interesante colección de aparatos antiguos que permiten conocer la evolución de este medio de comunicación.
La Tebaida berciana, un remanso de paz
Es el turno del Valle del Oza, también llamado Valdueza. El valle forma parte de la Tebaida berciana, uno de los rincones más especiales de la comarca. El Monasterio de San Pedro de Montes es el principal punto de interés del territorio.

Ya en las faldas de los Montes Aquilianos, se localiza el Valle del Silencio, cuyo nombre está ligado a una antigua tradición. La leyenda cuenta que San Genadio, uno de los monjes que habitó en las montañas, mandó callar al río Oza cuando el ruido del agua no le dejaba meditar. ¿Se te ocurre un lugar mejor para relajarte?
La gran joya del Valle del Silencio es Peñalba de Santiago, un pueblo con cubiertas de pizarra y balconadas declarado Monumento Nacional en 1931. No puedes marcharte sin visitar la iglesia mozárabe de Santiago, construida en el siglo X.

Del puente de Molinaseca a la Herrería de Compludo
A pocos kilómetros se sitúa Molinaseca, uno de los pueblos emblemáticos del Camino de Santiago. Está marcado por el puente de piedra sobre el río Meruelo y el centro del pueblo se organiza en torno a la Calle Real. Muy cerca está la playa fluvial, un reclamo turístico en los meses más calurosos.
Desde Molinaseca se llega al Valle de Compludo, un paraje tranquilo rodeado de bosques. Aquí se conserva la Herrería de Compludo, una antigua fragua hidráulica llena de historia que fue declarada Monumento Nacional en 1968.

El último secreto del Bierzo: la Cascada del Gualtón
Junto al Valle de Compludo está Carracedo de Compludo, un pueblo levantado entre bosques y montañas. En sus inmediaciones podemos encontrar la Cascada del Gualtón, uno de los saltos de agua más representativos de la comarca.
Para llegar hasta este paraje, debemos realizar una ruta de unos tres kilómetros que asciende suavemente entre pequeños arroyos. Allí, entre árboles y rocas, aparece la cascada, que se precipita desde 30 metros de altura.
El botillo del Bierzo… y mucho más
Llega el momento de sentarse a la mesa y la gastronomía berciana tiene motivos para llenarse de orgullo. Entre todos sus platos hay uno que sobresale: el botillo del Bierzo. Este embutido, protegido con Indicación Geográfica Protegida, se elabora a partir de diferentes partes del cerdo adobadas.

También forma parte de la tradición de la comarca el cocido berciano, una versión local del clásico plato de cuchara, o el caldo berciano. Tampoco falta la empanada berciana, elaborada a base de distintos rellenos como carne o productos de la huerta. A ello se suman productos de matanza como el picadillo de chorizo, muy típico en bares y tabernas, o la cecina. Todos estos manjares suelen acompañarse con los vinos de la Denominación de Origen Bierzo.






