Viajar por la comarca de la Maragatería supone adentrarse en las raíces de la tradición leonesa. Este compendio de 40 pueblos maragatos también se conoce como el País de los Maragatos y se corona como la única comarca española que toma el nombre de sus habitantes.
Con más de 5.000 años de antigüedad a sus espaldas, este lugar esconde artesanía milenaria y parajes naturales de ensueño, La Maragatería se alza en el centro-oeste de la provincia de León. Concretamente, se extiende entre la histórica ciudad de Astorga y las montañas que protegen el pico Teleno, una de las cumbres más representativas de los Montes de León.

Aproximadamente, la comarca ocupa unos 700 kilómetros. Hacia el norte, linda con villas como Combarros, alternando valles, sierras y bosques mediterráneos. Los lugareños distinguen entre Alta Maragatería, que hace referencia a localidades como Santa Colomba de Somoza, capital de la Alta Maragatería, Santiago Millas, de la Baja Maragatería como uno de sus núcleos representativos y Astorga, como la localidad centro económico de la comarca.
Un pasado reconstruido entre petroglifos y literatura
A diferencia de otras comarcas, el pasado de la Maragatería carece de abundante documentación histórica. Sabemos que las primeras evidencias de presencia humana en este territorio se remontan a más de 5.000 años, tal como revelan los petroglifos y grabados rupestres hallados en las montañas cercanas al Teleno.
También durante la época prerromana estas tierras estuvieron vinculadas a los pueblos astures. De esta manera, hay quienes ven el reflejo de los astures en las tradiciones y el traje maragato. Con la intención de definir la identidad de la comarca, en 1914 Concha Espina publicó “La esfinge maragata”, una novela ambientada en la comarca que representa los rasgos etnográficos la Maragatería.
¿Quiénes eran los maragatos?
A los habitantes tradicionales de la comarca de la Maragatería se les conocía como maragatos. Dedicados principalmente a la arriería, a lo largo de los años permanecieron en el imaginario popular por su forma de vida y sus costumbres. El origen del término “maragato” no está del todo claro, aunque algunas teorías señalan que podría estar relacionado con una antigua ruta comercial que pasaba por el lugar medieval de Malgrat.
Durante siglos, cuando no existían trenes, coches ni autobuses; el transporte dependió de los animales de carga. Es en este momento cuando los arrieros maragatos adquirieron popularidad recorriendo caminos para transportar mercancías entre Galicia, Castilla, León y la Corte de Madrid. Se decía que los arrieros de La Maragatería eran serios y honrados. Así, portaban mercancía de gran valor como cartas o dinero.
El traje maragato masculino incluía chaqueta, chaleco, calzón hasta la rodilla, medias y sombrero. Por otro lado, el traje femenino se componía de prendas superpuestas, faldas y blusas bordadas.
Las casas maragatas, mucho más que viviendas
Uno de los rasgos más característicos de la Maragatería es su arquitectura tradicional, un tipo de construcción que refleja la forma de vida de los lugareños. Las llamadas casas maragatas no solo eran viviendas familiares, sino espacios pensados para los arrieros, que necesitaban guardar mercancías, animales y carros tras sus viajes por el norte de España.

Principalmente, utilizaban piedra y madera para sus construcciones. Estas se organizaban en torno a un gran patio interior al que se accedía por un portón. En pueblos como Castrillo de los Polvazares, Santa Colomba de Somoza o Santiago Millas conservan algunos de los mejores ejemplos de esta arquitectura.
Astorga, la primera parada de la ruta maragata
Para comenzar nuestro viaje por la Maragatería, debemos hablar de Astorga: la puerta de entrada a la comarca. En la época romana fue bautizada como Asturica Augusta y, para conocer las huellas de este pasado, podemos realizar la ruta romana de Astorga, que comienza y finaliza en el Museo Romano y continúa por el Foso, las Termas Menores y el Aedes Augusti, dedicado al emperador Augusto. A este legado se suman las murallas medievales, que abrazan el casco histórico.

Paseando por sus calles pronto nos toparemos con la Catedral de Santa María, sede de la Diócesis y construida en el siglo XVI, conservando su estructura de planta original y combinando varios estilos arquitectónicos como el gótico, renacentista y barroco. En su interior destacan elementos históricos como el retablo mayor, la sillería renacentista del coro y las imágenes de la Virgen de la Majestad y la Inmaculada. Además, alberga el Museo Catedralicio, inaugurado en 1954, que reúne una valiosa colección de arte sacro.
Muy cerca podemos visitar el inconfundible Palacio Episcopal, obra de Antonio Gaudí y una de las tres obras que realizó Gaudí fuera de Cataluña. Hoy en día, aquí encontramos el Museo de los Caminos, dedicado al arte sacro y las peregrinaciones jacobeas.

Más allá de su papel como territorio defensivo, Astorga llegó a convertirse en uno de los centros chocolateros del país. Por ello, el Museo del Chocolate preserva y difunde la historia del cacao en la ciudad.
Entre piedra, torres medievales y cultura pop
A pocos kilómetros de Astorga empiezan a aparecer algunos de los pueblos más representativos de la comarca. El primero es Castrillo de los Polvazares, una villa cuyo casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980. Dispone de calles empedradas, casas de piedra rojiza y portones de madera. Caminar por su calle Real es casi como viajar en el tiempo.

Siguiendo la carretera hacia el oeste llegas a Santa Colomba de Somoza, una buena referencia para entender la llamada Alta Maragatería. De este lugar destaca la Fundación Club 45, creada por el músico Alejandro Díez, más conocido como Alex Cooper. En su interior se conserva el Archivo Gráfico de la Era Pop, una colección de discos, revistas y recuerdos de la década de los sesenta.
Turienzo de los Caballeros se abre paso con el Torreón de los Osorio, una construcción medieval visible desde lejos del pueblo que fue propiedad de los templarios y declarada monumento nacional. Alrededor del torreón se extiende un núcleo urbano tranquilo con casas tradicionales.
La manta maragata, el souvenir indispensable
Si sigues explorando la Maragatería, hay un pueblo conocido por su histórica industria textil de mantas de lana: Val de San Lorenzo. Merece la pena detenerse en el Museo Batán, donde se explica este oficio y puedes visitar sus telares, o La Comunal, una fábrica que sigue en funcionamiento que se puede visitar los fines de semana y festivos y donde puedes volver a casa con una nueva manta.
Los Montes de León, bajo la mirada del Teleno
El paisaje de la comarca está marcado por los Montes de León, y, especialmente, por el pico Teleno. Se trata de la montaña más alta de la zona con más de 2.000 metros de altitud, y es el paraje perfecto para realizar rutas de senderismo y escalada. De hecho, en época prerromana y romana el Teleno era considerado una montaña sagrada, asociada a divinidades relacionadas con la guerra y la naturaleza.

El Camino de Santiago Francés atraviesa la Maragatería
La Maragatería es uno de los tramos más especiales del Camino de Santiago Francés. Entre Astorga y Manjarín, el camino atraviesa esta histórica comarca pasando por pueblos como Murias de Rechivaldo, Santa Catalina de Somoza, El Ganso o Rabanal del Camino.

Una de las paradas casi obligatorias del itinerario es la Cruz de Ferro, situada en lo alto del puerto de Foncebadón, a unos 1.500 metros de altitud. La tradición reza que cada peregrino debe dejar una piedra al pie de la cruz como símbolo de lo que deja atrás durante el viaje. Muy cerca, en las montañas que rodean el pico Teleno, encontramos antiguos petroglifos.
Sabores de la Maragatería: cocido maragato, cecina y otras maravillas
El broche de oro lo pone la gastronomía de calidad. Después de recorrer pueblos, montañas y caminos históricos, la cocina tradicional vuelve a sorprendernos. El gran protagonista es el cocido maragato, ¿quién no ha oído hablar de él? Es famoso por su curiosa forma de servirse: primero las carnes, después los garbanzos con verduras y, por último, la sopa.

La verdadera Cecina de León, reconocida con el sello IGP, requiere un mínimo de siete meses de curación, por lo que no todas las que se venden merecen ese nombre. Para vivir una experiencia maragata auténtica, nada mejor que acercarse a la fábrica de Cecinas Nieto, a pocos minutos de Astorga.
Cecinas Nieto es un negocio familiar fundado en 1965 por José Nieto Blas, un maragato de pura cepa, cuyo legado continúa hoy en manos de sus hijos, Conchi y José Luis Nieto. Siguen elaborando la cecina “como se hacía antes”, combinando tradición con las garantías alimentarias actuales, y usando únicamente tres ingredientes: carne de cuartos traseros de vaca vieja o buey, sal y humo de encina o roble.
Pero la mesa maragata ofrece mucho más. Entre los sabores más representativos destacan el tradicional ajoarriero y el entrecuesto. Cerca de los Montes de León también podemos probar el lechazo de las montañas del Monte Teleno y, como un dulce no amarga a nadie, tampoco pueden faltar las mantecadas de Astorga.








